Con mis manos más viejas que el barro voy a recoger un par de frases vanas de las que sirven de relleno, y las dejaré en la noche al sereno para que se impregnen con simpleza de luna, si la hay, mas el silencio. Al otro día me pondré a amasarlas a ver si se tiñen con los colores de afecto al calor de un sol mañanero con lo cual, espero, resulten un par de frases que me conduzcan a tu corazón, directo.
Con mis manos más viejas que el barro podría agarrar dos frases que sirvan para escribirte una canción.
Si las encuentro.