Cuento urbano recurrente

A esta hora deberían sonar los grillos
y los perros
asustados por el silencio
pero no
son gritos y disparos
perfectos

A esta hora debería flotar el aroma
del regreso
o sea un tufillo urbano
y nostalgia de afecto
pero no
es la nube de gases
y un incendio

A esta hora hijo no salgas
le dijeron
en coro y se lo repitieron
como letanía inútil
de otros tiempos
pero no
cuando supieron de él
fue en el noticiero

A esta hora podrían ser 20 años
y unos minutos
cuando muchas ganas le pusieron
a la noche
en que encendieron la fogata
para hacerlo

Pero no,
hoy solo es la memoria
enmarcada en una foto
con el duelo

Catedral de Tunja

Veo las campanas de la plaza mayor,
pero no suenan como aquellas del amor
cuando las jalan unos brazos vallunos
y me despiertan sin subírsele los humos

Esas, que pertenecen a la catedral,
sonarán simplemente, tal y cual
las concibió en su horno el herrero,
de buenas manos y sin oído de artillero,

-gracias a Dios- digo yo, el visitante,
y no quiero pasar por petulante
al decir que estarán bien afinadas
en escala andina temperada

y con finalidad muy ascendente
para hacer que trascienda la gente
antes de tomarse sus cervezas
y entablar las mismas charlas de bajezas

Yo he llegado a la plaza de Bolívar
y la vista me parece tan divina
con el suelo lustroso por la lluvia
-nada oportuno en cosas de la curia-

pero animado por un enjambre de palomas
que piden comida en todos los idiomas,
como lo sabe la señora campesina
con su venta de maíz para el turista

Le he comprado una mísera porción
esperando ganar mi absolución
por no llegar en el tiempo ordinario
en que las campanas llaman al rosario

A cambio, esos insectos emplumados
con alas de ángel lucían endiablados
pero entendiendo la actitud piadosa
de la mano que les da la misma cosa

Oh campanas, allá en el campanario
hay un reloj que no está con mi horario
al que se le da cuerda con eternas razones,
las mismas que dan a los carillones!

Pero quisiera volver y escuchar el tono
que cambia a los espíritus de modo
y los saca de la prisa pues no hay suerte
buscando ganar la carrera a la muerte

Entonces estaré en la plaza mayor
para saber si las campanas tienen voz,
afinada y en la eterna armonía
de la creación y tu voz, cada día.

Cafecitos

Hay un aroma flotando
cuando a tu lado despierto
no parece de persona
y más bien viene del huerto

Podría ser de algún cítrico
mejorado para ser tierno
o a las ramas que he pedido
que me regale el romero

O quizás olor a tierra húmeda
cuando pasa un aguacero
y el sol que no es piadoso
la quiere abrasar a besos

O a cualquiera de esas yerbas
que sin permiso crecieron
entre las plantas que cultivas
para fines de remedio

O a pasto recién cortado
cuya sangre de verde intenso
se desparramó en las sábanas
en medio de nuestro sueño

Hay un aroma flotando
y lo conozco, por cierto
porque ya estabas despierta
con tu café mañanero

Al paso

Ahora que llegaste el camino ya es distinto
y lo agradecen las yerbas y arbustos del sendero
pues aquellas pencas del barranco, ¿recuerdas?
nos regalaron la corona para una fotografía
que llenaría bien algunos de nuestros marcos
del siglo pasado

Hay tanto marcos esperando la piedad de un lienzo
para llenarles el vacío oprobioso de su existencia
y la vegetación del camino se disputa a gritos
con las piedras su derecho a crear un escenario
para la razón de caminar cerro arriba
de la mano

El marco natural de montañas austeras
en Villa de Leyva va a dejar que le tendamos
un lienzo de tonos cálidos caminando de la mano
en un atardecer


Bala perdida

Hay una bala perdida en Norteamérica
todos saben cuál es entre las que han destripado y mutilado
las cosechas de distintas generaciones
y saben de donde viene
y cuando la ven pasar se dan golpes de pecho
pero la dejan seguir incontrolable por su vuelo errático

Hay una bala perdida en Norteamérica
y con ella se han abierto los tres huecos de las páginas de historia
para archivarlas pulcramente en la biblioteca del Congreso
Quizás por ese servicio
la dejan continuar y así en las noches estrelladas
contribuya con su estela a una lluvia de meteoritos
mientras que cada 4 de Julio, en algunos estados
se le rinde homenaje bajo los fuegos artificiales

Ninguno la disparó con nombre propio
aunque podría llevar el de cualquiera de los que iban a pie
o a caballo cuando se firmó aquello de Appomattox
pues hubo salvas tanto de victoria
como de rabia

Pero pudo venir de otros tiempos
con la forma del proyectil, tosco y lento
que llegó en la colonia para traer carne del monte
y sacar poco a poco del mapa a todos los Americanos originales
y parece que algún tiro terminó alojado en el libro de la constitución

Quizás de tanto volar en un país tan grande
fue ganando velocidad y eficacia hasta el punto
de talar un bosque entero como podría ver Manassas
Quizás ya con ningún barrilete se pudo contener su ímpetu
y entonces la bala comenzó a volar sola
con sus alas mágicas de papel recortadas de la constitución

Hay una bala perdida volando en Norteamérica
en busca del blanco perfecto
que en su vuelo errático ha dado más en los negros.