Category: Sonetos

Manos de miel

Las manos de una mujer  en la cocina 
dan a luz un nuevo día de melao 
más temprano que el gallo acostumbrado 
a escuchar la molienda de rutina. 

 La leña del fogón y de la hornilla 
arde feliz porque es un fuego santo, 
pues lo alimenta un corazón rezando 
la oración de la caña tan sencilla . 

 El peón bate la miel y se alegra 
porque pronto terminará su ayuno 
y en el aire dulce, denso de humo 

 Inyecta el vaho de una frase obscena 
como sazón del monte a la faena 
y preámbulo al feliz desayuno. 

Hollín de afecto

La casa está vacía pero hay cariño  
en lo que fue el reino de mi abuela, 
como un lienzo negro que pintan las arañas 
y después se cubre de enredaderas. 

 Se quedó protegiendo la mitad de la cocina 
donde antes que  el sol salía la candela, 
a escribir esa parte de la historia 
que debajo del hollín, lector espera. 

Ese cariño profuso, ahumado, 
escaso de palabras pero tan concreto 
podría servir o ser interpretado 
 
como una especie de monumento 
al amor, que en las cocinas no es rosado 
porque tienen el tizne del afecto. 

A la Palma de Iraca

La palma de la iraca tiene flores 
y a su sombra, con ternura, palmitos 
para crecer como crecieron los hijos 
que sin afán tenían mis mayores. 

 Se acunaron tantas generaciones 
al amparo de esos techos pajizos;  
amores castos o resbaladizos, 
la iraca protegió sin condiciones. 

Asociada quedó con la pobreza 
y la humildad la casita de paja, 
pero la alegría no se rebaja 

 ni de menos valor es la belleza 
si en casita de palmicha nueva, 
el amor florece en una hamaca. 

A la mula

A fuerza de andar por los caminos 
se aprendió la ruta de memoria 
cargando con el peso de la historia 
que arrasa o civiliza los destinos. 

Su ancestro compartido del borrico 
tiene la humildad, pero no la gloria 
del caballo en estatuas de victoria 
y su aporte al progreso va escondido. 

pues debajo de tantas autopistas 
quedaron sus huellas sin ser vistas 
y su legado por doquiera perdura. 

Aunque su mundo quizás ya no exista 
que la memoria de su aporte persista.  
En la nave espacial hay herradura. 

El Cuervo

Vuela solo o en ruidosa bandada 
cargado de historias y de algarabía   
limpiando al cielo de monotonía 
y a la tierra de vistas desoladas. 

Ninguna ocasión ve despilfarrada 
y saca de la muerte un pan de vida, 
su destino es quizás la compasiva 
realidad de que no todo se acaba. 

Ave que guarda en su plumaje negro  
a un espíritu que cuida la tierra  
siempre vuela a donde está la fiesta  

Y es el símbolo de vida en el invierno.  
Nadie tan inteligente como el cuervo 
para ver un tesoro en la miseria. 

La Luna torera

Hay una luna trigueña en tu cama 
con traje de luces y muy torera, 
y el toro lejano que la espera 
ya siente que la sangre lo reclama.

Se estremece de furia y de ganas 
y empieza  a prepararse a la faena, 
se lo ve escarbando la tierra 
y del hocico el fuego se le escapa. 

La luna lo torea muy risueña 
y la noche de pasión se engalana, 
suena la música, olés y palmas 

del público que forman las estrellas 
para mirar en una plaza sin arena 
la sombra que embiste a la luna llena. 

Casanare reseca

Fondo de buitres, derroche de moscas
pintados en un cuadro de nubes negras,
que en lugar de lluvias traen vacas muertas
y acordes en el aire de sórdidas notas.

La vista no acepta, la nariz no miente,
pero aún así la tarde está serena,
para que el sol complete su faena
alimentando a la tierra con la muerte.

Y aunque la realidad parezca obscena,
porque las aguas se fueron con lo verde,
puede que exista el tiempo suficiente

pero marcado en un reloj de arena,
para humedecer con lágrimas la tierra
y hacer que el río baje nuevamente.