No estábamos lejos
En un instante lo esperado estalla con salvaje regocijo
y todo es cenizas detrás de un parapeto
todo confusión de carnes y concreto
ante el tic tac del reloj
Se combina la ternura de una mano pequeña agarrando su juguete
con el cielo azul abrazado al humo como su huésped
y un tropel de fantasmas desubicados
con su letanía de difuntos tan cerca al decamerón
pues no estábamos lejos
Bebo un vaso de cerveza
y eso es todo lo que hago conmigo cerrando el espectáculo
–no se nombra la tristeza–
luego escribo
luego existo
sin permitirme una frase de dolor
mientras miro la tarde con su manía de bañarse en el oriente
con solo tres colores tibios para que una torre eléctrica
ya no sea lo que parece
si es de acero y yo tan frágil
ella es breve
No estábamos lejos
pero algo se nos muere
Solo queda la alegría sobrehumana de nuestros cuerpos
superando el límite de las palabras
incapaces de fundir todos los encuentros
pues ahora el último sigue siendo el primero
como aquel del primer beso
Aunque siga el espectáculo no me pertenece
que yo sigo mi función a base de tinta rústica
que usaron los monjes de un monasterio
y poder decir lo mismo sin pudor
al frente de nubes conocidas
cuando llegan de ciudades en demolición.