Un día nublado, belleza.
A otros les suena a tristeza pero a mí es la humedad
que te besa, como tu piel de infinitas cadencias.
La luz se filtra desvalida entre las ramas
de un bosque dormido y parece la cortina bajada
del teatro donde se esfumaron los aplausos.
Un día nublado, ¿interesa?
Apenas se acorta el horizonte y lo interrumpe una ardilla
o las hojas que olvidaron caer de lo amarillas.
Está para el pintor a la deriva de un tren
del siglo pasado y le queda solo el carbón
de dibujar en días vaporosos.
Un día nublado, no me pesa.
Sí, dejar caer mi otoño sin honrar a mi naturaleza
antes que el invierno llegue y recoja su cosecha.
Puede ser muy largo, y si fuera,
mi voz, al coro de lobos juntaría
con un tono de responso o de jauría.
Un día nublado, belleza.
Lo prefiero leve y lo demás
¡que venga!