Category: Citadinas

Cielo de aspas

Como sombra rugosa se aproxima
un helicóptero
y la tarde voltea a mirarlo
desde abajo
muy limpia de sentimiento

para depositarle en un sombrero
su dosis de voces
de las que se alimenta el pájaro
de aspas.

Cuando pasa azotando al viento
sobre los campos quijotescos
se sabe que tiene hambre
de gritos nocturnos
y humaredas

Entonces la tarde le da su limosna
de humores callejeros
y trozos de interrogantes
que el animal volante se lleva
hasta su nido aceitoso
para hacer una digestión rápida
que regurgitará en bolas de periódico
de uso oficial

Más tarde ella se arropa
en un chal sabanero
y se quedará dormida al lado de la señora
de las humitas a la puerta de un supermercado.

Pequeña ciudad

Aquellas mañanas con una taza de café
pertenecen al futuro que se va desgranando
cuando el temor se derrite.

Las bicicletas que pasan se alargan
mientras los carros son una exhalación impresionista
con algunas gotas sueltas de belleza en la normalidad.

Los transeúntes caminan como fantasmas diurnos
atareados con periódicos electrónicos
que gotean frases en desuso.

En el azul diluido de mi cielo pueblerino
se dibuja a veces una taza de capuccino
lista sobre las montañas de perspectiva parroquial.

Y en el vecindario cargado de ruidos contemporáneos
los ladridos de una perrita callejera son gotas naturales
contra la resequedad del aire plastificado y sin Mozart.

Cualquier día con una mañana de café
le pone una aureola al principio del viaje.

Un regreso

Volar aunque no vueles
y en el vacío del estómago
sentir la punzada de la esperanza
en contrapunteo con la rabia

Y pese a todo levantarte
a recoger los restos que caben
en un morral de afectos
que se cargan a la espalda
o en coche de bebé

Y salir por la autopista Norte
parando a descansar sin lágrimas
junto a ríos que no son de Babilonia
hasta ver el sol familiar en la frontera

Entonces cruzar al territorio
que una vez acogió sueños marineros
por el oro de maíz y el oro negro
y sentir de nuevo el abrazo de la madre
con su voz debilitada
que te muestra un rincón para aliviar del peso
al coche de bebé y el terreno para enterrar
tus ilusiones y esperar a que germinen
si regresan las lluvias
que hicieron verde a Venezuela

Tú y el Blue

Una tarde tranquila se ha tornado azul
y esa tonalidad ha invadido mi pequeño refugio en el que recojo trozos de los días que flotan sobre un mar de concreto y hojalata.

El azul ha bajado por las paredes y teñido a mi guitarra boquiabierta con una tonalidad que la desliza hacia el Blue.

Y sobre el mar sin oleaje, el vuelo de unas palomas desafía la estabilidad pueblerina en este trozo de ciudad que me regala tonalidades arropadas con un manto de ladrillo.

Pero no logro destaparlas a punta de sentimiento y por eso,
me concentro en la guitarra con su esencia expectante
a ver si en el recorte de este día aparece un trío de tonalidades
que necesito para que ella me regale un Blue.

Mientras tanto, las palomas se pararon en una terraza
y parecen suspendidas sobre una dominante antigua
cuyo eco descansa en una silla, también esperando

Tres tonos para el Blue
O cuatro, si faltas tú.

El Motochorro

Hay ruidos de tránsito normal, ríos humanos rodando en su rutina,
nubes juguetonas sobre las montañas y si no sucede un cataclismo
será un buen día para robar.

Los turistas van mirando, los vendedores pregonando, los policías conversando, y allá en las lomas villeras el cumpleaños de un chiquillo.
Será un buen día para robar.

La moto tiene gasolina, la ruta es muy conocida, los turistas solo hablan en inglés y como hay apenas nubecitas sobre las montañas,
será un buen día para robar.

Los ríos siguen rodando, los vendedores pregonando, los policías observando, los turistas desfilando y como hacía falta un regalo de cumpleaños
Fue un Buen Día para Robar.