Cuento ferroviario suburbano

No dejaste más señales que una humareda de palabras grises, y te marchaste en aquel tren calcado de un álbum de la preguerra. 

Yo esperé al otro tren pensando que fuera el mismo que te trajo la primera vez que te vi sin la aureola de tu póster. 

Pero así no fue y después la brisa dispersó el humo hasta el panteón de los adeptos y la estación quedó desierta. 

Y en mis sueños corre ahora un trencito eléctrico y yo estoy en el andén esperando que te bajes con aquella gorrita de tu póster, Marlene.