Velita poblana

La noche y una pantalla, los mosquitos en silencio; 
la luna por eso, ¿calla? 
La distancia, si existe se quema en la llama 
de esta vela encendida que dejamos en el alma 
aquella noche prodigiosa. 

 Se acabó la calma del océano de años 
y el viento de palabras; 
se quebró el florero de una rosa guardada. 
La guardaste en tu libro 
de secretas páginas 
que se puede leer en letras subrayadas, 
y en una línea dice 
que la flor sigue encarnada.

La Luna torera

Hay una luna trigueña en tu cama 
con traje de luces y muy torera, 
y el toro lejano que la espera 
ya siente que la sangre lo reclama.

Se estremece de furia y de ganas 
y empieza  a prepararse a la faena, 
se lo ve escarbando la tierra 
y del hocico el fuego se le escapa. 

La luna lo torea muy risueña 
y la noche de pasión se engalana, 
suena la música, olés y palmas 

del público que forman las estrellas 
para mirar en una plaza sin arena 
la sombra que embiste a la luna llena. 

Flor de calabaza

En un castillo de palo 
sin almenas y sin torres, 
al Conde Calabaza 
lo visitan unas flores 

Son estrellas que vienen
en plan de vacaciones, 
pues arriba en el cielo 
solo salen de noche. 

Y se vienen a casar 
en casa del Sr conde: 
la una con su corola, 
la otra con el polen. 

Y cuando ya se casen 
regresarán a la noche, 
dejando una calabacita 
que después se recoge. 

En su castillo de palo 
se quedó dormido el Conde 
soñando que las estrellas 
se van volviendo flores. 

El Motochorro

Hay ruidos de tránsito normal, ríos humanos rodando en su rutina,
nubes juguetonas sobre las montañas y si no sucede un cataclismo
será un buen día para robar.

Los turistas van mirando, los vendedores pregonando, los policías conversando, y allá en las lomas villeras el cumpleaños de un chiquillo.
Será un buen día para robar.

La moto tiene gasolina, la ruta es muy conocida, los turistas solo hablan en inglés y como hay apenas nubecitas sobre las montañas,
será un buen día para robar.

Los ríos siguen rodando, los vendedores pregonando, los policías observando, los turistas desfilando y como hacía falta un regalo de cumpleaños
Fue un Buen Día para Robar.

Eco estacionario

Un poeta es el que puede fabricarse un hilo con la rutina y enhebrarlo en la aguja que lo pinchó para coser sus dolores a una colcha de retazos y abrigarse con ella en noches de soledad y todavía dormir como un bendito hasta que lo arranque del sueño el pitazo del primer tren y parecerle que ese quejido ferroviario es un buen telonero para el canto de los pájaros. 

Cuento ferroviario suburbano

No dejaste más señales que una humareda de palabras grises, y te marchaste en aquel tren calcado de un álbum de la preguerra. 

Yo esperé a otro tren pensando que fuera el mismo
que te trajo la primera vez  que te vi, sin tu aureola de soberbia. 

Pero no fue así, y después una brisa gentil dispersó el humo hasta cierto panteón de pocos adeptos y la estación quedó desierta. 

Y como en mis sueños nunca envejece mi trencito eléctrico, esperando en el andén mi subway, imagino que volverás en uno, en la silla del maquinista y con gorrita nueva. 

Belleza helada

Tu rostro es el mismo en todas partes,
y lo veo en un bosque congelado
donde la nieve es un papel preparado
para escribir con pisadas dos verdades:
que somos la misma partícula flotando
de las piedras, a los cielos, a mi carne
y que de tus besos me estoy olvidando.

Tu rostro es el mismo en todas partes
y ayer tenia el toque salado de las olas
y más tarde el salobre de las lágrimas
por un no se qué ni cuándo. El sol
lo suelta bajo las alas de unos gansos
que se lo llevan primero a un lago triste
para guardarlo después en un remanso.
.
Tu rostro es el mismo en todas partes
y cuando el hielo se rompa en mil espejos,
cada uno llevará impreso tu rostro
como estampillas de cartas fugaces
que se pondrán a lo largo del sendero
con palabras para todo caminante
sobre amores que no mata el invierno.