Rogando a las piedras que me prestaran sus silencios
para hacer unas sandalias y caminar alma adentro
por fin encontré una en las cercanías del Rio Negro
y comencé a preguntarle sobre el origen del universo.
La piedra, tan fría y callada como son las de mi pueblo
nada me respondía y yo estaba presintiendo
que me tacharían de loco si me estuvieran viendo
pero la soledad ayuda a plasmar los sentimientos.
Por lo tanto le insistí quién sabe cuánto tiempo
pidiendo a la piedra que soltara sus recuerdos.
Fueron noches y días sin hablar de sus misterios
y con tanta reticencia más me estaba atrayendo.
Cansado de preguntarle también guardé silencio
y viendo que la piedra me despertaba sentimientos
le hice caricias de a poco sin esperar nada concreto
hasta que de pronto su voz sonó pero en secreto,
y todo lo que ella dijo aquí lo voy resumiendo:
que las piedras son duras pero registran el eco
que dio origen al mundo cuando la boca del Verbo
por vez primera dijo, dijo el «te quiero».
Excelente!
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Muy hermoso poema.
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